
30 mar 2008
ONCE

26 mar 2008
OCHO
Me imagino entonces en un cuarto negro y oscuro, pintando mi poesía en las paredes con tinta mental blanca. Me siento pequeño y encerrado en ese cuarto, pero estoy haciendo poesía, música, pariendo vida… No tengo cuerpo, soy un soplo de aire. Cuando se me acaben las cuatro paredes del cuarto, puedo inventar una más para seguir pintando. Y lo que vaya pintando, se va a ir transformando en algo real en mi cabeza. Haré del dolor algo realmente hermoso. Del sufrimiento, una joya invaluable. De la muerte, un paraíso. Del amor, una rosa del color del cielo. Y guardaré el mar dentro del sol, para que no me moleste. Aunque el mismo mar esté creando todo esto en mi cabeza.
- Pues no sé…
- Yo veo a una mujer dentro de un útero…- le dije.
- Sí, eso pensé yo, pero no sé… se ve como vieja.
- Ajá… tal vez es como que su vida va al revés. Como que nace en la muerte dentro de un útero.
- Puede ser…- dijo y vimos las demás obras del museo.
- Eso es lo virgo de esto. Todos interpretan las cosas de diferente manera. Como se aplique mejor a ellos. O dependiendo de sus formas de pensar.
paladar. Encendí un cigarrillo y le ofrecí. No quiso acompañarme a morir esta vez.
Cerré los ojos y me arrojé hacia la nada. Grité mientras caía, pero no escuchaba mis gritos. No sé por cuánto tiempo estuve cayendo, pero caí en mi cama, sobresaltado. ¿Qué hacía en ese cuarto gris si me desplomaba desde la sala de una casa lejana? Nunca lo supe. Corrí las cortinas para ver si el sol aún se encontraba puesto en el cielo. Ahí estaba el sol flotando entre el reflejo del océano. Imaginé que algún día, ese océano reflejado en el cielo le lanzara una ola al sol y lo apagase, por fin.
22 mar 2008
CINCO
¡Dios me salve, porque de gracia soy falto! El Señor me abandona… maldito yo entre los hombres… ¡Que te salve a tí, María, pues tu única penitencia fue ser humana! Este mundo no está hecho para concebir dioses. ¡Dios nos salve! ¡Piedad!
- ¡Dios me salve! – grita el feto, y él lo aplasta con la palma de su mano hasta sacarle las vísceras. Pero el feto, como las babosas, se divide en trozos de feto para seguir implorando. - ¡Piedad!
¡Más fuerte! ¡Más fuerte! Hay que aplastarlo más fuerte…
- No sé. Yo no creo en las religiones. En Dios sí creo. – dije.
- Ahora tendré que aplastarte a vos. – dijo una voz, así que decidí abrir mis alas y huir de ahí volando.
Llegué a una montaña desierta. No había ni siquiera tierra en ella. Era una montaña, no por concepto, sino por función. Oculté mis alas y caminé con las manos. Mis pies ya estaban cansados. Seguí un sendero que en espiral llegaba hasta la cima de aquella seudo montaña. Caminé con los hombros. Mis manos y pies ya estaban cansados. Al llegar a la cima me recosté. Dormí un poco y soñé a Dios. Me dio un consejo en el sueño, así que cuando desperté caminé de nuevo con los pies hacia el altar de sacrificios. Me desnudé y puse mi cuerpo sobre aquella piedra. Empezó, pues, a reflejarse el mar en el cielo… “¡Azul!”, murmuré, y las botellas cayeron para reventar en cada milímetro de mi cuerpo desnudo, haciéndome sangrar. Partiéndome en mil pedazos.
- Jajajaja. Igual te aplasté.